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Español2015

195 2012 Madaga sCar En octubre de 2012 se cumple un sueño largamente acarici- ado por Herbert: Durante un viaje de prueba con la nueva BMW R 1200 GS, recorre con su equipo la isla mágica du- rante cuatro semanas. Muchas cosas en Madagascar son únicas. Desde que esta zona se separó hace ya 180 millones años del supercon- tinente Gondwana, se encuentra totalmente aislada en la costa oriental africana. Un golpe de suerte para la fauna y la botánica, ya que en ninguna otra parte del mundo (aparte de Aus- tralia) hay tantos seres endémicos. En los últimos bosques viven mini- camaleones, lémures viven (prosimios), serpientes gigantes y ranas venenosas ‚¡Mora, Mora (urgencia con tiempo)!‘ es el lema de vida de los malgaches. Los 22 millones de ha- bitantes provienen de 18 tribus diferentes. De manera que hay una increíble variedad de culturas y tradiciones. Lo que a los europeos puede parecerles sumamente extraño, está profundamente enraizado en la fe malgache, como el culto a los muertos, en el que éstos son desenterrados y lavados para celebrar con ellos una fastuosa fiesta. Al igual que las personas, también los paisajes son únicos. Una cadena montañosa que se exti- ende de norte a sur, divide la isla de 1.580 kilómetros de largo climáticamente en dos mitades. La costa de la vainilla, al noreste, es golpeada regularmente por ciclones tropicales. Aquí cre- cen vainilla, clavo de olor y pimienta. La selva tropical invasora cubre las laderas. Las amplias llanuras costeras del oeste están rodeadas por la sabana seca. El lugar más destacado es la famosa Avenida Baobab, cerca de Morondava. En el norte caliente se encuentra el maravilloso mundo de los Tsingy -agujas de piedra caliza bien apretadas, que la erosión convierte en extra- ños bosques de piedra. Terrazas de arroz ingeniosamente construidas, plantaciones de café, té, cacao y coloridos mercados con ganado Cebú completan el cuadro. La vecina isla de Nosy Be es un pequeño paraíso tropical. Playas de ensueño con arena blanca, palmeras y arrecifes de coral se extienden hasta el horizonte. Las flores del Ylang-Ylang emanan su perfume embriagador. En los cráteres volcánicos viven cocodrilos sagrados. Dondequiera que aparecen los cuatro vazahas (rostros pálidos, en lengua malgache) en sus mo- tocicletas, se forman racimos de gente curiosa. Las reacciones a lo que semeja una expedición de extraterrestres van desde el asombro hasta el puro terror. Las rutas constituyen una aventura: asfalto con baches suficientemente profundos como para tragarse una rueda delantera completa, taludes de laterita roja, arena profunda y suelo corrugado polvoriento. En Antalaha, donde terminan todos los caminos, las motos son cargadas en un barco vainillero. Es la única manera de llegar al sur, si no se quiere recorrer de vuelta los mismos 1.500 kilómetros. Comienza lo que será un tormentoso viaje de 26 horas a lo largo de la costa de los pira- tas, incluyendo el mareo de los barcos y una dura pernoctada sobre sacos llenos de coco y carbón.

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