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Español2015

1716 Mientras enfilo con la Dakar en dirección a Plzeň (Pilsen), atravieso pequeñas aldeas. Con sus techos inclinados, las casas se amoldan a lo largo de la calle principal. Las líneas eléctricas, tendidas de pared a pared, semejan los hilos de una marioneta. Al dejar atrás a los asentamientos, doy rienda suelta a mi actitud lúdica . Numerosos caminos de grava, sin amenazantes señales de prohibición, conducen en forma de estrella en todas las direcciones e invitan a explorar la zona con la enduro. La E 49 me hace avanzar rápidamente. Las tristes y numerosas construcciones prefabricadas, que toscamente delinean las afueras de Pilsen, no encajan en el paisaje. Sólo por causa de la famosa cerveza, no estoy dispuesto a atormentarme a través de la maraña de tráfico. Demasiado tentado- ras se muestran las calles de las inmediaciones de la ciudad que aparecen en el mapa. En dirección sureste sigo la 177 y pronto llega nuevamente hasta mí el dulce aroma resinoso de los bosques vírgenes. Rožmitál y Příbram titilan brevemente en el campo visual, para desapare- cer luego con la misma rapidez. Hasta Milevs- ko sigo el ancho curso de la presa Orlik. En Strakonice, Bohemia del sur, paro la Dakar a la sombra de la poderosa fortificación de la ciudad, construida en el siglo XIII. En lugar de atar el cuadrúpedo de transporte como en aquellos tiempos, bloqueo la dirección. Ante el anuncio solemne de las sublimes fanfarrias musicales, me quito el casco y me preparo para hacer una inclinación. Observando sin embargo más detenida- mente, resultó ser que el barullo provenía de un automovilista que gesticulaba enojado y daba de bocinazos para expresar acústi-

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