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Español2015

1714 y callejuelas. La monocilindro está ya martillando y me empuja con fuerza por suaves colinas sinuosas. Un bosque fragante pasa volando a mi lado, interrumpido a intervalos regulares por tramos de una extensa pradera. El amarillo del diente de león omnipre- sente forma un rico contraste de color con el cielo azul acerado. Mi cabeza se mueve de izquierda a derecha y viceversa. Me lo puedo permitir. ¿Tránsito? Ninguno. Sólo los numerosos baches y deformaciones del asfalto me recuerdan de no entregarme por completo a la contemplación de la naturaleza. Después de Bečov, los neumáticos muestran buen agarre. El pavimento es flamante y, casi involuntariamente, la mano que acelera se mueve sólo en una dirección. Avanzo a través de curvas y contracurvas de todo tipo, cru- zo alegres arroyos por puentes estrechos y, por un instante, me ol- vido que la dinámica de mi BMW, completamente cargada, se parece más bien a un armario de pared que a una ágil enduro monocilíndri- ca. En un santiamén llego a Teplá y me quedo en la 210. En el cami- no a Krsy paso por granjas abandonadas. Los grandes establos es- tán vacíos. En lugar del golpeteo de cascos, a través de los vidrios rotos se oye únicamente el silbido del viento. La maquinariaagrícola se oxida en silencio en medio de la hierba de gran altura. Se deba a una mala gestión en general, a la falta de subvención a la agricultu- ra o simplemente a un empresario de mano desafortunada: los años de vacas gordas de estas granjas se acabaron definitivamente.

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