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Español2015

1299 firmamento bajo la puesta del sol, anuncia la cercanía del mar. Debido al asentami- ento Lengesim, que tiene todo el encanto de un pueblo minero abandonado, por la arena, antes del anunciado duelo, se desplazan no los consabidos arbustos, sino las bolsas de plástico. Aquí pernoctamos. Poco después del amanecer, seguimos el jefe de la comunidad masai, John, en su China Toyo de 125 cc, a través del asenta- miento plagado de basura plástica. Detrás de las últimas chozas se detiene abrup- tamente ante la estepa abierta, extiende el brazo derecho en el aire y nos aconseja seguir siempre en la dirección que indica su dedo. La punta del dedo termina en las rayas brillantes del firmamento. Un sen- dero de arena roja nos lleva directamente hacia el mar de polvo de arena, harinoso y agitado, que se extiende mucho más allá del horizonte delante de nuestras motos, hundiéndonos hasta las rodillas. El vien- to caliente y todavía seco, que traerá la lluvia, azota el polvo rojo en la atmósfera, formando remolinos de finísima arena (fesch-fesch) en el cielo plomizo que flota abrumadoramente sobre el paisaje. Ca- miones cargados a pleno transportando la pesada arena de construcción proveniente

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