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Spanisch2014

651 la estación meteorológica más potente del siglo XIX. El Mistral ha dejado el cielo despejado y, gracias al aire claro como cristal, parece como si se pudieran tocar el Mediterráneo y el Mont Ventoux, el gigante blanco de la Provenza. No obs- tante, hacemos solo una parada corta, aquí arriba hace un frío del demonio, el termómetro solo sube a seis grados. Nada como bajar al cálido valle del Tarn donde montamos en Florac el campamento para los próximos días. El Gorges du Tarn cuenta como uno de los puntos culminantes de las Cevenas. No llegamos a hacernos la pregunta del por qué pues apenas dejamos Florac nos sumergimos en la espectacu- lar garganta. El Tarn fluye muy claro alrededor de peñones sobresa- lientes de color gris claro y a través de pueblos medievales rústicos y bosques claros de hoja caduca. ¿Cómo es que un río pequeño y pacífico ha logrado ir mordiscando en ese terreno un barranco tan impresionante con paredes de 500 metros? Timoneamos apaciblemente hasta Le Rozier, donde el Gorges de la Jonte se encuentra con el Tarn. No es de- masiado espectacular pero la D996, dotada de una fina cubierta en el fondo del barranco, es una pasada. Por hoy hemos visto suficientes pai- sajes, así que ahora saltamos al próximo canal que es sencillamente conducir, dejar rodar las monocilíndricas con el sol en el espejo retrovisor y la sensación de tener 500 curvas por delante. Hasta Florac, donde se cierra nuestro círculo por las gargantas en torno al Causse Méjean. El Causse Mé- jean es una de esas misteriosas manchas blancas en el mapa Michelin. ¿Habrá olvidado el cartógrafo sencillamente marcar lugares y calles? Comprobé- moslo.

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