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Spanisch2014

1655La carretera de las Kasbah separa los inmensos valles del Atlas de una última franja de montañas antes de que comience la costa. Fortalezas tan rojas como la tierra de la que fueron construidas se suceden a lo largo de 200 kilómetros. Entremedio han permanecido rocas caprichosas. Durante su formación alguien debió haber vertido agua de lavar en el magma ya que las rocas tienen la apariencia de burbujas de aire reventadas. Abandonamos la carretera de las Kasbahs y el agua de lavar, giramos hacia el sur en dirección a las montañas y enseguida caemos en la primera trampa. Cada algunos cientos de metros la pista se ramifica hacia Djebel Sarrho. A la izquierda hacia una escuela, a la derecha hacia una finca. En un lugar algo oscuro dos chicos nos hacen señas con las manos. Seguimos sus gestos y aterrizamos en... una granja. Callejón sin salida. Bajo las miradas asombradas de los campe- sinos maniobramos y tomamos la dirección contraria. Cuando volvemos a pasar por delante de los chicos nos animan por señas. En casa me habría enfadado. Aquí es la risa lo que triunfa. La pista es cada vez más accidentada, el paisaje más cojonudo. Chimeneas volcá- nicas secas se alzan al cielo, desfiladeros naturales se abren el paso a través de las montañas. En el polvo rojo de los tres que van delante se abre de repente un hue- co en medio de la franja de montañas. La pista atraviesa a la fuerza una tierra que está formada solo por cañones. Las pilas de las cámaras se agotan y las tarjetas de memoria se llenan de tantas fotos. Sin lugar a dudas: esto aquí es realmente algo especial. Con la llegada de la noche se van los últimos ruidos. La calma del paisaje nos contagia a todos. Aunque nuestra circulación mañana seguramente vuelva a alcanzar el nivel europeo.

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