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Spanisch2014

1135 de árboles frutales nudosos. Hay que cruzar los ríos por encima de puentes estrechísimos. Es impresionante la virginidad que aún se puede descubrir en algunas zonas de Europa. Después de Kupres llega entonces el contraste desencantador: las señalizaciones oxidadas con calaveras blancas sobre fondo rojo hablan un idioma claro y alertan a los turistas off-road entusiasmados de no pisar el terreno sin pensarlo bien: minas. A lo largo de la carretera hay casas abandonadas, en parte quemadas. Los agujeros de disparos, del tamaño de puños, son un testimonio vivo de un pasado sangriento no muy lejano. Una guerra étnica en la que amistades se convirtieron en enemistades mortales y antiguos vecinos con una relación amistosa libraron una lucha encarnizada. Con piel de gallina y un nudo en el estómago abandonamos la 16. Una inmensidad casi despoblada, luego nuevamente hacia la meseta a los pies de las montañas Raduša. La carretera se extiende como un amplio arco hasta el horizonte. Cúmulos de hermosas formas matizan el cielo de una forma pintorezca. Unos instantes más tarde divisamos Ramsko jezero, unas islas idílicas bañadas por el agua azul cobalto. Un pequeño respiro para los sentidos.

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